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El adelanto será desastroso, la columna de Jaime de Althaus

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Los partidos no tendrán tiempo para preparar un plan de gobierno. Será la improvisación pura. Ni siquiera da el tiempo para organizar bien el referéndum y las elecciones

El adelanto de las elecciones generales sería desastroso para el país no solo por la parálisis de la economía que entraña, que ya se siente, y porque los interesantes y prometedores planes de competitividad y de infraestructura quedarán en letra muerta, sino por varias otras razones.

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Para comenzar, podría haber 30 o más candidatos a la presidencia con sus respectivas listas congresales, porque se ha facilitado la inscripción de nuevos partidos sin que pueda haber primarias obligatorias.

Si las elecciones fueran en el 2021, en cambio, sí tendríamos primarias y de resultas solo continuarían en carrera 6 u 8 candidatos presidenciales con sus listas. Así, se podrá escoger mucho mejor, sobre todo a los congresistas.

Si adelantamos elecciones, los partidos van a tener que seleccionar sus candidatos al Congreso a las volandas, incorporando al primero que pasa por la calle. Podemos imaginar el nivel, aún más pobre que el actual. Sin distritos electorales más pequeños y con voto preferencial, la elección será peor aún.

Y los partidos no tendrán tiempo para preparar un plan de gobierno. Será la improvisación pura. Ni siquiera da el tiempo para organizar bien el referéndum y las elecciones. Podría haber muchos cuestionamientos.

Pero, además, puede ocurrir que el próximo gobierno termine en la misma trampa de gobernabilidad que afectó a PPK, porque ya no habrá tiempo para que entren en vigencia las reformas políticas pendientes orientadas a prevenir una confrontación entre poderes (facilitando que el gobierno tenga mayoría en el Congreso, por ejemplo). Contrario sensu, si las elecciones son en el 2021 y rigen esas reformas, el próximo presidente podrá aplicar su plan de gobierno.

La ‘crisis política’ que se esgrime no justifica violentar la Constitución para adelantar elecciones. Ha sido hiperbolizada. Los problemas entre poderes que teníamos antes del 28 de julio no eran nada en comparación a lo que teníamos año y medio atrás.

Fuerza Popular no tiene 73 sino 54 congresistas, está internamente dividida, ha perdido mayoría en la comisiones y su lideresa sigue (abusivamente) en la cárcel. Se aprobaron 5 de las 6 reformas materia de cuestión de confianza, y la de la inmunidad no recogió el texto del Ejecutivo, pero sí mejoró notoriamente la fórmula constitucional.

En realidad, la crisis política que vivimos ahora ha sido generada por el propio pedido de adelanto de elecciones. Es una petición de principio. Si se retira el pedido, cesa la crisis. También cesa si se va a un gabinete de consenso o se llega a un acuerdo de gobernabilidad en torno a los 6 proyectos de reforma política pendientes y a las propuestas del Plan Nacional de Competitividad.

La agenda para el acuerdo está dada. Si hay acuerdo, por definición ya no hay crisis. Por eso el desdén de los ‘adelantistas’ ante la reunión entre Pedro Olaechea y el presidente Martín Vizcarra. Si hay voluntad de acuerdo, este es muy simple. Si no la hay, es porque se quiere prolongar la crisis de manera temeraria y populista.

En cambio, si se firma el acuerdo, las perspectivas del país cambian dramáticamente y pasamos a un escenario de inversión y crecimiento. Hoy nadie encuentra trabajo y quienes lo tienen pueden perderlo. Un mínimo de sensibilidad, y responsabilidad, por favor.

FUENTE: EL COMERCIO

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